El tofu es el queso de soja o sea la caseína
(que es la proteína de la soja) coagulada de la leche
de soja.
"La soja", forma parte de las cinco semillas consideradas
sagradas por los chinos. Las otras son: el trigo, el arroz,
la cebada y el mijo.
La soja fue utilizada durante miles de años en la
alimentación y ya hace muchísimo tiempo que
sumado al valor nutricional se ha descubierto su capacidad
terapéutica.

Más allá del poroto mismo los orientales elaboran
productos artesanales que no sólo son exquisitos sino
de altísimo valor terapéutico: salsa de soja,
miso, tempeh.
Se atribuye el descubrimiento del tofu a Liu-An, sabio y
filósofo chino, más de 2000 años atrás.
Los sacerdotes y nobles chinos se ocuparon de hacerlo conocer
tanto en China como Japón.
Los monjes budistas que llevaban una alimentación
vegetariana, difundieron el tofu, vendiéndolo en las
tiendas de los templos y dándolo a su vez a degustar
para que se conociese su sabor.
Los samuráis utilizaban el tofu concentrado. Una vez
preparado lo dejaban todo el invierno en una red de paja colgada
del techo de una galería exterior. Al pasar por el
frío nocturno y el sol diurno, se desecaba conservando
todas las propiedades nutritivas durante largo tiempo.
El tofu resulta bastante ajeno a la cultura occidental. Cada
día se comprueban más los efectos nocivos de
los lácteos. La leche es el alimento del lactante.
El aparato digestivo del bebé está sólo
preparado para la ingesta de la leche materna y eventualmente
por algún problema de la madre para la leche vacuna
maternizada. Pasado el período de la lactancia, las
enzimas encargadas de metabolizar la leche tienden por naturaleza
a desaparecer. De ahí que muchos adultos y sobretodo
la gente muy mayor presenten intolerancia a la leche. Tanto
la leche de soja como el tofu son las opciones ideales para
reemplazar los lácteos. Contrariamente a estos son
de muy fácil digestibilidad, aportan proteínas
de óptima calidad y son una buena fuente de vitaminas
y minerales. |